Aún recuerdo nuestro primer día,
yo ni siquiera me había fijado en ti,
eras uno más de este nuevo grupo,
y a pesar de tu creciente interés por mi,
yo solo quería divertirme, reír y bailar.
Me tomaste como un reto,
o no,
personal,
y poco a poco fuiste ganándome,
hasta que por tu atención y dedicación,
me empecé a fijar en ti y me gustaste.
Lo que al principio era sexo sin más,
se fue convirtiendo en algo más profundo,
y te empecé a querer, a valorar y estimar,
como ya me tenías, ahora querías más,
tu nuevo reto era hacerme cambiar,
desde nimiedades, hasta mi forma de ver,
de relacionarme, de comer y pensar.
Vendías tu visión de Libertad e igualdad,
yo creía en las personas y en ti aún más,
fui adoptando tus posturas y costumbres,
imaginando un futuro compartido juntos,
dónde estábamos a pesar de la dificultad.
Y de repente se acabaron los retos, ¡chás’!
ya no era suficiente, querías más y más,
no podía darte lo que pedías,
te lo había dado todo, no tenía nada más,
así como viniste, te marchaste igual,
solo que ahora no se quien soy,
no sé hacia donde ir, ni donde quiero estar
tú en cambio, lo tuviste todo y feliz te vas,
mientras yo me rehago de los pedacitos,
que dejaste, en los que ahora sin ti,
me cuesta de nuevo encajar y continuar.
La moraleja de esta historia y otras similar
viene a decirnos que quererse es aceptar,
el uno al otro, adaptando y no cambiando,
pues somos libres, únicos y diferentes,
y amarse es aceptar lo bueno y lo regular,
es caminar juntos sin forzar ni arrastrar,
y cuándo es del bueno, del de verdad,
lo haces sin queja, lo haces,
y ya está.
J.M.P